Rebumbio


Los españoles nos hemos dotado de un entorno sociopolítico bastante embarullado. Es mérito propio. Lo hicimos solitos, sin ayuda de nadie. Y ahí estamos enfangados, tratando de salir del monumental lío sin provocar graves daños colaterales. El ejército norteamericano se inventó un nuevo concepto para describir una situación semejante: entorno VICA. Es el acrónimo de: Volatilidad, Incertidumbre, Complejidad y Ambigüedad. Se utiliza en los ámbitos sociales, económicos, militares y políticos para describir entornos en los que se suceden cambios a una gran velocidad, hay una cantidad de información disponible abrumadora, se desencadenan acontecimientos de forma imprevisible y donde las causas y efectos en la concatenación de los hechos ya no obedecen a una lógica conocida. Los sociólogos, analistas y predictores del comportamiento político y social han hecho suyo este concepto: vivimos en un entorno VICA. Dicho en ferrolano: un rebumbio macanudo.

En este rincón del planeta nos desenvolvemos en un idioma, el español, que tiene una riqueza extraordinaria para definir estos escenarios. Los siglos de picaresca, pillería, triquiñuelas y artimañas de toda condición han enriquecido nuestro idioma de tal forma que, estoy seguro, un académico podría escribir un larguísimo tratado.

La política española actual, resultado del encontronazo entre la política tradicional y la virtual (la nueva, la videopolítica, la política líquida, la turbopolítica o la política efímera) se caracteriza por navegar en un gran desorden y confusión, aderezado con un alto nivel de alboroto. El griterío tertuliano, o lo que quiera ser y no es, enturbia todavía más este panorama. Allí se habla de banqueros que se dedican al espionaje. Espías que se dedican al chantaje. Chantajistas que trapichean con empresarios especialistas en pagar mordidas, amigos de políticos arribistas. Políticos expertos en montar chiringuitos en los que practican el antiquísimo arte del nepotismo. Generadores de noticias falsas, mentiras fabricadas por perfiles anónimos, creadores de bulos en los que apoyan el insípido análisis político.

Y defensores de lo suyo, de su ADN, su territorio, su tribu, su raza, que tratan de imponer su verdad y sus creencias como lo hicieron cruzados e inquisidores en largos períodos de nuestra historia.

Es un rebumbio perfecto en el que destaca la crispación, el cansancio social y la falta de ilusión hacia el futuro acompañada de nostalgia de cierto pasado. Un rebumbio sociopolítico del que tenemos que salir sin gritar aquello de juego revuelto para volver a empezar, como hacíamos en los partidos que jugábamos en las calles ferrolanas cuando el resultado no nos iba demasiado bien. ¡Qué gamberros!

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