¿Conoces el fiasco de los «barcos negros» rusos?

En el siglo XIX, Fernando VII encargó al zar Alejandro I una flota de navíos que resultó nefasta

Pintura del muelle de Tallin, en Estonia
Pintura del muelle de Tallin, en Estonia

Ferrol

Es muy conocido en el refranero español que lo barato siempre sale caro, y este podría ser el caso de los desconocidos barcos que dan título al artículo de esta semana.

Si nos situamos en la complicada época de finales de la Guerra de la Independencia, la situación social y política de España y sus colonias era poco menos que calamitosa. Las colonias americanas, forzadas a organizarse autónomamente debido al desgobierno producido por la invasión francesa, estaban en pleno proceso de secesión, cosa que no era del gusto ni de la corona, ni de sus responsables militares y la Armada Española, por falta de inversión y mantenimiento, se encontraba en un estado ruinoso.

En esta situación, el traslado de tropas desde la península hacia América era prácticamente imposible, por lo que, en 1817, se encargó al Jefe de Escuadra e Ingeniero Naval Honorato de Bouyon la compra de diversos barcos a Francia. Bouyon consiguió comprar a buen precio tres corbetas de 24 cañones, una goleta de 10 y un bergantín-goleta de 16, que fueron armados en Ferrol, con los cuales empezar a transportar tropas hacia la Argentina. Sin embargo no eran suficientes y se necesitaban comprar más.

Los asesores de Fernando VII consiguieron convencerlo para que, a espaldas de los militares españoles, hiciese un pedido de barcos al zar Alejandro I. ¿La excusa? «Unir lazos» con Rusia, para lo cual se encargaron cinco navíos de 74 cañones y tres fragatas de 44 cañones. Mediante el llamado Tratado de Madrid, se acuerda el pago de los navíos en dos plazos. Los barcos zarpan de la actual Tallín, capital de Estonia, rumbo a Cádiz pero el viaje dura mucho más de lo habitual...oficialmente por necesidad de reparaciones y malos vientos.

Cuando aquellos buques, de característico casco negro, arriban a puerto son revisados se entiende el verdadero motivo de su retraso. Las maderas estaban muy mal conservadas y dañadas, hasta el punto que de los ocho navíos llegados tan solo se dio por bueno uno. Los barcos, ya no eran nuevos y habían sido construidos al estilo ruso, es decir, con maderas de baja calidad aptas para navegar por las frías aguas del Báltico en trayectos cortos, pero no para largas travesías oceánicas por aguas cálidas, como eran los construidos en los astilleros españoles.

El ministro de Marina, José Vázquez de Figueroa, entrega un informe al Rey donde hace constar el lamentable estado de los buques. Los asesores, que habían convencido a Su Majestad de la nefasta inversión, ven peligrar su influencia y le hacen creer que el propio ministro y la comisión nombrada para evaluar la compra forman parte de una conspiración cuya finalidad no era otra que dañar la imagen del monarca. El ministro y los miembros de la comisión son cesados fulminantemente.

El Zar Alejandro accede a enviar tres fragatas en compensación que llegan exactamente en el mismo estado. En resumen, sólo llegaron a navegar un par de aquellos once barcos negros, tras costosas reparaciones y todos fueron desguazados entre 1820 y 1823. Se dejó de pagar el 40 % de la deuda, pero en la transacción desapareció una suma de dinero importante que se supone fue el importe de las comisiones cobradas por los asesores de Su Majestad por los «servicios» prestados.

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