Toque a rebato


Estamos metidos de lleno en un período electoral largo, ancho y profundo. Las alternativas que se vislumbran en el tablero político no parecen ser ilusionantes ni alentadoras. La característica que mejor define el ánimo del electorado es la de hartazgo. El CIS y otros institutos demoscópicos presentan a la clase política y los partidos políticos como agentes generadores de problemas; en ningún caso se atisban como parte de la solución a esos problemas. Cada vez hay mayor porcentaje de entrevistados que se declaran indecisos o abstencionistas, al tiempo que los mensajes recibidos desde el núcleo de las organizaciones políticas es el de que se refugiarán más en su nicho electoral: movilizarán a los suyos. Habrá más fragmentación y dificultad de entendimiento entre ellos.

Las fuerzas de la derecha se han reconvertido en un Can Cerbero de la patria una, grande y libre. Las tres cabezas -Rivera, Casado y Abascal- del animal mitológico con médula espinal del resucitado Aznar, están transformando su propuesta en aquellos principios de la FEN, Formación del Espíritu Nacional, instalada en la etapa predemocrática y preconstitucional. El nacionalcatolicismo es su programa electoral, declinado en la bandera, la familia, el himno, el Estado centralizado, los valores sagrados vehiculados en la educación, la sumisión de la mujer y la limpieza de la raza española. A ellas se añade (aunque se quiera camuflar) la derecha nacionalindependentista de los supremacistas catalanes. Su programa es similar: primero mi patria, mi idioma, mi pasaporte, mis genes, mi cultura, mi historia y mi himno. Su estrategia es antidemocrática (antisistema) y anticonstitucional, lo que les ha llevado al banquillo de los tribunales de justicia.

Por su parte, las fuerzas del arco de la izquierda continúan enmarañadas en encontrarse a sí mismas. La nueva política se presenta rota en mil facciones que no confluyen ya casi en nada. Bauman definía estas aspiraciones como nuevas opciones cargadas de sentimiento y escasas de pensamiento. Añadiríamos que también escasas de organización. Desde la Socialdemocracia hacia su izquierda encontramos partidos políticos que continúan partidos (permítanme el juego de palabras) internamente. Luchas entre cargos orgánicos y territoriales, disputas entre líderes de distintas generaciones, nostálgicos frente a pragmáticos, defensores de las decisiones de los militantes frente a los abanderados de las esencias sociales e igualitarias.

El momento requiere que los votantes suban a los campanarios y toquen a rebato, frente a la amenaza de una clase política que inspira muy poca confianza. La primavera y el verano se aventuran cálidos, en temperatura y crispación política. Veremos.

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