Fatiga

José Varela FAÍSCAS

FERROL

El Pozo do rego es un amplio recodo del curso bajo del Mera, donde el río se ensancha y encalma, aguas arriba del campo de la fiesta, a los pies de una cuidada pradera hípica; un espacio que aprecian las truchas marinas en su remonte fluvial para el desove. Allí me disponía a lanzar la cucharilla a la base de unos alisos que sombrean la cola del remanso, cuando se quebró la caña de seis pies que suelo utilizar. El esfuerzo al que la sometí estaba muy por debajo de su límite de resistencia, el peso de la cucharilla quedaba en la base del rango de la acción de la caña, de 3 a 14 gramos. Y, sin embargo, rompió.

La causa, intuí de regreso al coche, fue lo que en fatiga de materiales se conoce como ciclo de carga repetida: los miles de lances acumulados hicieron mella. Lo que dudo ahora al recordar el percance, mientras fantaseo con lo que deparará el grafeno a los pescadores del futuro, es si la fatiga de materiales afecta también a las estructuras de las organizaciones sociales. Tal vez, conjeturo, si a un partido político armado con fibras no de carbono como la infausta caña sino de corrupción se le somete a incontables golpes de «esa persona de la que me habla», «no me consta», «yo no estaba allí», «eso fue hace mucho tiempo», «ese señor ya no está en el partido», «esto es una trama contra el PP», etcétera un día tras otro, quizá esa sociedad acabe desmoronándose como aquellos vasos de duralex que a fuerza de acumular pequeños choques con la vajilla se desintegraban con un leve toque. Quién sabe si a estas alturas el propio partido político ya no existía y lo que creíamos ver de él no era más que un holograma. En pantalla de plasma, naturalmente