Un café con Torrente Ballester


En el mayor tratado en español sobre el café, Los cafés históricos escrito por Bonet Correa, están recogidas decenas de opiniones de los referentes del pensamiento, la filosofía, la política y la literatura. Para Benito Pérez Galdós un café era una gran feria en la que se cambiaban infinitos productos del pensamiento humano. Stefan Zweig definía a los cafés como los clubs de la democracia. Para el genial Gómez de la Serna el café era el Consejo de Estado que nadie va a consultar pero que forma parte de la opinión de la calle. Zamacois los definía como abreviatura del mundo. Y así podríamos continuar con figuras como Pessoa, Voltaire, Sartre, Steiner, Umbral, González Ruano, Azaña, Unamuno, Camba, Valle Inclán y, por supuesto, Gonzalo Torrente Ballester.

En la Fundación Torrente Ballester de la compostelana Rúa do Vilar tuvo lugar la exposición Un café con GTB. En la obra -y la vida- de Torrente Ballester se observan varias constantes. Sus referencias a la mar, el apoyo de muchos paisajes gallegos en miles de fotografías y su identificación con un tertuliano de café, son algunas de ellas. En la exposición se mostraron todos estos elementos. Don Gonzalo aparece fotografiado en el café Novelty de Salamanca, en el Monterrey de Baiona, en el Gijón de Madrid. Pero también se colgaron bodegones hechos por el propio Torrente, en los que combinaba teteras, cafeteras, tazas, máquinas de escribir y paquetes de Ducados. Y citas sobre las tertulias de café en algunas de sus obras, como la ferrolanísima La boda de Chon Recalde.

La escultura de Torrente en el Novelty daba la bienvenida a la exposición. Apoyado en la mesa-velador con sobre de mármol blanco y sentado en la silla thonet, invitaba a sentarse con él y recordar todas y cada una de las tertulias que en su vida fueron. Consideración especial debieran tener las de los cafés Suizos. En los años 40, en el Café Suizo de la calle Real ferrolana. Más adelante en el Suizo compostelano, al lado de la facultad de Geografía e Historia. Y, obviamente, como caballero de La Tabla Redonda, tertulia celebrada en el Café Suizo de Castroforte del Baralla que compartía con el obispo hereje Jerónimo Bermúdez, el canónigo Jacobo Balseyro, el almirante John Ballantyne y el vate Joaquín Barrantes.

El apego y cariño por los cafés históricos, como los Suizos, lo dejó escrito GTB en un artículo de 1984 titulado París bien merece una misa.

Don Gonzalo alababa el interés de los franceses por conservar sus cafés mientras que los españoles siempre pensaban en cambiar sus decoraciones, e incluso en sustituir cafés por oficinas bancarias. Terminaba afirmando: «Un Café puede hacer historia, un Banco jamás. Ni apenas el Nacional». Que gran enseñanza.

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