Lo público y lo privado


Mientras en el tablero municipal ferrolano se debate sobre estas dos posiciones en sus empresas, la gente sigue muy atentar por ver cómo se esclarecen las pensiones presentes y futuras, especialmente las «irrisorias», que no son ni medio-pensionistas, pero están contando con gran difusión y apoyo por parte de los afectados que se han incomodado cuando el presidente del Gobierno hizo una invitación a que reflexionaran sobre el buenismo que trae ese derecho individual de las pensiones privadas.

Aquello encendió la mecha y jubilados y pensionistas se lanzaron a la calle para evitar el «trágalo» y abrir el debate, que se decantó muy claramente por las pensiones públicas. Mientras, la ministra de Trabajo ¡Eso no es nada! nos hablaba de que el futuro de las pensiones está en peligro, sin recordarnos dónde se gastó el dinero. En una cabal comprensión de este mercado laboral que contribuye también al fondo de pensiones con contratos basura, que suelen ser de una semana, un día o unas horas, con el empleo tan precario, la actual estructura contributiva no garantiza las pensiones si no se echa mano a los Presupuestos Generales del Estado.

Con este Gobierno la caja de las pensiones ha sufrido graves corrimientos de tierras, no se controló el gasto y no se contó la verdad a los españoles, sus propietarios, sobre cómo iba bajando la hucha. Bueno, sí, hubo una erudita carta-pastoral de la ministra del ramo a los pensionistas, que la dejó acorralada con el incendio en casi todas las papeleras del país, y que puso en marcha el mecanismo de solidaridad, por una pensión razonable y segura. Ahora, el borrador del presupuesto está en el Congreso de los Diputados y será tratado con importancia relativa, y seguro que saldrá de allí medidas aisladas que no favorecen al sistema, y por las cifras que barajan me temo que seguirán sin buscar los equilibrios necesarios y justos también para los gallegos, que tienen las pensiones más bajas de España. Este es el reto al que tienen que dar una respuesta progresista nuestros representantes, con la mejor aportación posible para las personas que han trabajado toda su vida pensando que algún día tendrían un descanso y que fuera reconocida su plena legitimidad social. Pero mientras esto sucede, nuestro Ayuntamiento sigue por el manual del distraído al otro lado de la valla con su bienintencionada idea para colocar en público el follón que tiene con las empresas privadas.

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Lo público y lo privado