Adiós a Víctor Criado, músico ferrolano
27 ene 2018 . Actualizado a las 05:00 h.A Vic le hubiese gustado una cita de Dream Theater o de Mercyful Fate. Pero, por aquello de seguir azuzando al viejo caimán, no vaya a quedarse dormido allá donde esté, yo voy a tirar de Eskorbuto. Víctor pertenecía al tipo de gente que estaba dispuesta a montar su banda de rock aunque para ello hubiese que saltar la tapia de algún colegio con una pandereta bajo el brazo o ensayar con cuatro trastos en el galpón de la abuela de un amigo mientras alrededor llovían patatas, lanzadas por unos vecinos incapaces de echar la siesta entre tanto ruido. Vic comenzó dando voces en Alen, uno de los grupos que, junto a Troner, Scum o Hatred, sentaron las bases de algo parecido al thrash metal en la castigada Ferrolterra de los años 80. Y acabó cantando en Tábano con aquellos tipos en los que todos nos mirábamos por lo bien que lo hacían, los muy cabrones. Así que no estuvo mal, después de todo. Con el tiempo llegaron la Marina, la desoladora caída de David, su hermano pequeño, arrollado demasiado joven en plena galopada, y lo mejor, Isa y un chaval al que adoraba. También la montaña rusa emocional y los días de apretar los dientes para seguir. Podías discutir con él hasta hartarte, pero no conozco a nadie que no lo quisiese, con sus mil proyectos inconclusos a vueltas y otro más en la recámara.
Pensé en la canción de Eskorbuto mientras paseaba por el Inferniño, el barrio en el que una cuadrilla de adolescentes autodenominada Los Cerdos, ese era el nivel, holgazaneábamos a nuestras anchas. Me asaltó entre el bar Chito y el San Andrés, justo antes de echar un trago a su salud. La estrofa nos viene al pelo a la pequeña colección de entrañables piezas de desguace que nos reunimos en Catabois para despedirlo, a un paso de su familia, bajo un cielo soldado con nubes de plomo. «Cuidado, os avisamos, somos los mismos que cuando empezamos». Me gustaría pensar que sigue siendo así.