Papel de plata

Ramón Loureiro Calvo
Ramón Loureiro CAFÉ SOLO

FERROL

Tengo que confesarles, de nuevo, que, si bien es cierto que en una ocasión vi a los Reyes Magos, que venían por el Camiño do Baladoiro, en Sillobre, a lomos de tres magníficos dromedarios que se parecían muchísimo a los de los entrañables belenes de figuras de plástico que estaban tan de moda a comienzos de los años setenta, jamás llegué a ver a Papá Noel, que en aquellos tiempos era aquí, donde Europa comienza, mucho menos celebrado. Por aquel entonces -ya alguna vez lo he contado-, en Escandoi, de don Noel, se hablaba más bien poco, aunque en los árboles de Navidad empezaba a ponerse, entre todos los demás adornos, alguna figura vestida de rojo, que lo representaba. Me estoy acordando, de nuevo, no sé por qué, de la estrella que mi madre colocaba en lo alto del árbol de nuestra casa. La hacía ella misma, con cartón recortado de alguna caja de zapatos y con papel de plata. Naturalmente era una estrella (una stella) con su correspondiente estela -y discúlpesenos el juego de palabras, como de costumbre bastante malo-. Quiere decirse, con esto, que aquella del árbol, a pesar de su humildad, era una estrella en movimiento. Una maravilla celeste, que iba dejando tras de sí un largo manto de luz. Como a nadie se le oculta, se trataba del prodigioso astro, quién sabe si un cometa, que condujo hasta Belén a Melchor, Gaspar y Baltasar, a quienes Dios también les quiso mostrar a su hijo recién nacido para revelarle así su existencia no solo a los elegidos, sino a la humanidad entera. ¡En fin...! Qué triste es a veces recordar, cuando todo debiera ser alegría, ¿verdad?, por estas fechas. Les deseo una Feliz Navidad. Gracias por estar ahí siempre.