Nosotras

Beatriz García Couce
Beatriz Couce EN LA GRADA

FERROL

C recí viendo trabajar a mi madre y mis hijos a mí. Con naturalidad. Los de mis amigas y compañeras de oficio, también. Defendemos la igualdad y transmitimos ese valor, así como el de la independencia, la formación, el respeto por el diferente y el esfuerzo, entre muchos valores, que evidentemente no son patrimonio de ningún sexo. Pero comprobamos a diario qué lejos seguimos de conseguir una igualdad real y cuanto de enraizado está el machismo en nuestra sociedad, y no solo entre los hombres.

Porque hay muchas mujeres que siguen muriendo a manos de sus parejas o que tienen que escuchar comentarios denigrantes simplemente por trabajar en un sector mayoritariamente masculino. Hace tan solo unos días conocimos la intervención de un eurodiputado polaco que defendía que las mujeres cobrasen menos que los hombres porque entendía que somos más débiles y menos inteligentes. Desgraciadamente, no es el único que piensa así.

Claro que se ha avanzado, sobre todo en la corresponsabilidad en el hogar y en el cuidado de los hijos, pero continúa cargándose en las espaldas de las mujeres la atención de los pequeños y de los mayores. Y por ello ellas siguen prescindiendo en muchos casos de una vida laboral por la que lucharon y para la que se formaron o aceptando empleos de jornadas recortadas, que además son mayoritariamente los que se ofrecen a las trabajadoras, para que su engranaje familiar no chirríe. Y, lo que es peor, muchas de ellas siguen asumiéndolo como algo inherente a su género, admitiendo una desigualdad que a estas alturas tendría que estar superada.