Perder el tiempo

Manuel Couce DESDE LA ALAMEDA

FERROL

No cabe duda de que compartir enemigos comunes une. Esto es una generalidad, pero lo que viene pasando en el gobierno local después de tirarse los trastos a la cabeza, una y otra vez, siguen siendo denominador, a pesar de que el alcalde quiere mantener un contacto fluido con la oposición interna, rota y escangallada por razones absurdas y que quieren hacernos ver que en plena campaña electoral se pueden tomar decisiones aunque debiliten los puestos del grupo de gobierno y las candidaturas a las elecciones autonómicas. Esta vez le tocó a la concejala de Urbanismo por tomar la peligrosa deriva de ejercer su función y ofrecer un proyecto ambicioso de ordenación de la ciudad sin comunicárselo a una sorda y nula ejecutiva de los socialistas y contempló desde la atalaya de su superioridad profesional como la lideresa pedía su cabeza y destitución para dar entrada en el gobierno a otro candidato de base ideológica común pero que de urbanismo, ni papa. Esta larga crisis la venimos soportando todos los ferrolanos y seguro está cambiando la vida de muchos hacia más incertidumbre en el futuro, pues estas oscilaciones políticas vienen a certificar que los problemas de Ferrol son también sus dirigentes, pues a la población le basta con ser soberana. Los sabios deben ser los elegidos, pero por lo que estamos viendo el debate social de hace poco más de un año ha vuelto a estar mal resuelto. A la vista de las muchas cosas que no han mejorado y, lo que es peor, se están estropeando las que estaban encarriladas, véase el polígono industrial, las negociaciones con Defensa o la residencia universitaria. Estos ya viejos proyectos se resisten a morir y los nuevos no acaban de nacer porque entre socialistas y Mareas, o como le llamen en cada sitio, han creado en la ciudad un estado anímico crispado. Las dimisiones, los ingresos, demuestran una torpeza continuada y si esto no cambia pronto serán otros cuatro años perdidos. Y por supuesto el cambio tendrá que venir mediante el ejercicio de la responsabilidad, acabando con ese brillante surtido de invitados favoritos a colaborar y que poco aportan, por lo que les estamos viendo. Alguno con su nombramiento nos hizo temblar las piernas. Y el alcalde no colabore con aquella maldita frase de Napoleón: Cuando el enemigo se equivoca no hay que distraerle. Por favor, ponga orden.