No cabe duda de que compartir enemigos comunes une. Esto es una generalidad, pero lo que viene pasando en el gobierno local después de tirarse los trastos a la cabeza, una y otra vez, siguen siendo denominador, a pesar de que el alcalde quiere mantener un contacto fluido con la oposición interna, rota y escangallada por razones absurdas y que quieren hacernos ver que en plena campaña electoral se pueden tomar decisiones aunque debiliten los puestos del grupo de gobierno y las candidaturas a las elecciones autonómicas. Esta vez le tocó a la concejala de Urbanismo por tomar la peligrosa deriva de ejercer su función y ofrecer un proyecto ambicioso de ordenación de la ciudad sin comunicárselo a una sorda y nula ejecutiva de los socialistas y contempló desde la atalaya de su superioridad profesional como la lideresa pedía su cabeza y destitución para dar entrada en el gobierno a otro candidato de base ideológica común pero que de urbanismo, ni papa. Esta larga crisis la venimos soportando todos los ferrolanos y seguro está cambiando la vida de muchos hacia más incertidumbre en el futuro, pues estas oscilaciones políticas vienen a certificar que los problemas de Ferrol son también sus dirigentes, pues a la población le basta con ser soberana. Los sabios deben ser los elegidos, pero por lo que estamos viendo el debate social de hace poco más de un año ha vuelto a estar mal resuelto. A la vista de las muchas cosas que no han mejorado y, lo que es peor, se están estropeando las que estaban encarriladas, véase el polígono industrial, las negociaciones con Defensa o la residencia universitaria. Estos ya viejos proyectos se resisten a morir y los nuevos no acaban de nacer porque entre socialistas y Mareas, o como le llamen en cada sitio, han creado en la ciudad un estado anímico crispado. Las dimisiones, los ingresos, demuestran una torpeza continuada y si esto no cambia pronto serán otros cuatro años perdidos. Y por supuesto el cambio tendrá que venir mediante el ejercicio de la responsabilidad, acabando con ese brillante surtido de invitados favoritos a colaborar y que poco aportan, por lo que les estamos viendo. Alguno con su nombramiento nos hizo temblar las piernas. Y el alcalde no colabore con aquella maldita frase de Napoleón: Cuando el enemigo se equivoca no hay que distraerle. Por favor, ponga orden.