Los atractivos son indiscutibles: playas naturales y paradisíacas, una gastronomía envidiable, entornos únicos como las Fragas do Eume o los castillos, monte y arena y ríos y senderos constituyen una oferta que cada verano atrae a más gente a la comarca. Este año, además, las condiciones meteorológicas están siendo benévolas y es el revulsivo que está permitiendo que no solo los turistas lleguen hasta aquí, sino que se queden en estancias cada vez más prolongadas.
Por eso, estos días sobre todo las playas son un hervidero de turistas, entre los que destacan los extranjeros. Su repercusión empieza a tener ya cierto calado, ocupando la mitad de las plazas de cámping de la zona. Vienen en sus autocaravanas, dispuestos a coger unas olas que están convirtiendo nuestras costas en destino preferido para la práctica de unos deportes, como el surf o el windsurf, que ya se traducen en puestos de trabajo y en riqueza para la zona.
Porque, cierto, muy lentamente, pero el turismo está convirtiéndose en un sector sobre el que la iniciativa privada ha puesto los ojos. Queda mucho trabajo por hacer, pero los pasos que se están dando parecen encaminados a preservar los espacios naturales que nos rodean. Mejoremos infraestructuras de alojamiento y ofrezcamos nuevos servicios, en muchos casos ligados a los deportes que están actuando como imán para los visitantes, pero evitando masificaciones que han echado a perder muchos arenales que, como los nuestros, eran auténticos paraísos en el sur de España. Que Ferrolterra siga estando en la cresta de la ola de un turismo del que podamos sentirnos orgullosos.