El triste final de la perrita «Vida»

FERROL

Tras ser abandonada  junto a la vía del tren en Santa Mariña, fue rescatada y cuidada, pero, tras cinco días de lucha, no consiguió sobrevivir

09 mar 2016 . Actualizado a las 09:49 h.

Esta iba a ser una crónica optimista. El relato de una historia con final feliz sobre una perrita que fue abandonada a su suerte a pocos metros de la vía del tren, entre la maleza y rodeada de basura, pero que consiguió sobrevivir después de ser rescatada, cuidada y mimada por alguien que ama a los animales. Sin embargo, esa crónica ya nunca podrá ser escrita, porque, tan solo cinco días después de haber sido salvada, la cahorrita murió ayer como consecuencia de la falta de cuidados y atención que sufrió durante su abandono.

Pero para contar bien esta historia hay que remontarse al pasado jueves, cuando Ánxela, una joven de 19 años, escuchó los lloros de un animal mientras paseaba a su perro cerca del puente del tren en Santa Mariña. Tras pedir ayuda a unos señores que pasaban por allí -porque la altura de la maleza le impedía llegar hasta el lugar de donde salían los gemidos-, Ánxela logró rescatar al animal. Una cachorrita de apenas un mes que se encontraba helada, desnutrida, con sarna y una infección en los ojos. «Me dio mucha pena, porque se veía que había sido arrojada allí para que muriese, como si fuera basura», comenta Ánxela indignada.

Nada más encontrarla, la joven le llevó la perrita a su vecina, Begoña González, secretaria de la protectora Arco da Vella, quien enseguida se ocupó de su cuidado. La llevó al veterinario para desparasitarla y darle el tratamiento contra la sarna. Y la alimentó y calentó durante días. Ella y sus compañeras de la protectora la bautizaron como Vida, porque consiguió sobrevivir al abandono. E incluso dieron con alguien dispuesto a adoptarla, un joven llamado Omar, que ayer se iba a encontrar con la perrita por primera vez.

Pero, a pesar de la buena voluntad de Ánxela, Begoña y Omar, Vida no pudo salir adelante. El lunes por la tarde su estado de salud empeoró. Y tras pasar una noche entera con suero, murió ayer de madrugada. «¡Qué pena que haya gente tan desalmada!», dice entre la tristeza y la rabia Begoña González.