Concluyó la quinta prueba del circuito mundial de surf, en un arrecife denominado Cloudbreak, en la isla Tavarua del archipiélago Fiji.
Las olas que rompieron allí dieron la calidad y tamaño suficientes. No eran fáciles, porque la elección de la ola, sobre 3-4 metros, llevaba a veces a la gloria y a veces al desastre del infierno blanco, con corales como cuchillas. Uno de los habituales de Pantín en los 90, el aussie Kai Oton, sufrió un revolcón desafortunado en el que se estrelló contra el fondo con sus dos rodillas, en las que pudimos contemplar, vía satélite, como salían del agua con los pedazos de carne colgando, literalmente.
Pero el héroe fue esta vez un surfista poco habitual en los podios, Owen Wright, que hasta ahora solo había ganado una prueba del WCT en el 2011. Ha sido vencedor indiscutible en Fiji y ya es tercero en la clasificación de 2015, la que revela el desencanto de ver a Gabriel Medina (20º), Parkinson (15º) y Slater (11º) muy alejados de la cabeza.
Ya en la ronda quinta Wright sorprendió con una puntuación de 20 (el máximo: 2 olas de 10). Todos pensamos que sería producto de un día y un momento afortunados. Pero en la final contra Julian Wilson ya no hubo duda, Owen empezó con un 9,43, después logró un 10, y de nuevo otro 10 a los pocos minutos, en un tubo que aparecerá sin duda entre los más espectaculares de los últimos diez años del WCT. Un tubo que duró exactamente 9 segundos 40 centésimas, una absoluta eternidad para este tipo de maniobra.