Matar a la madre

Nona Inés Vilariño MI BITÁCORA

FERROL

La democracia es grandeza y servidumbre porque exige compromiso. Por eso, a pesar de la que está cayendo, proclamo que creo en el sistema que el pueblo español comenzó a construir en el 77. Viví muy de cerca cuanto de grandeza hubo en los líderes de la transición -madre de nuestra democracia- que pensaron antes en España que en sus propios partidos, y me duele en el alma -que es en donde habitan los sentimientos- oír cómo se intenta destrozar aquella obra que nos trajo libertad y progreso y nos situó en el corazón de la Europa democrática. La arrogancia y la falta de respeto en los juicios de los nuevos profetas sobre esta etapa histórica, internacionalmente reconocida, solo se explica por sus protagonistas, que entienden la revolución que pretenden como un tsunami, que destruye cuanto encuentra, sin distinguir el grano de la paja. No son gente que sufre por quien sufre. Son iluminados, envueltos en la soberbia del halago de una masa coral -mediática o intelectual- que aplaude enfervorizada, sin pedir siquiera una explicación concreta de cómo es el mundo feliz que nos prometen y cómo vamos a financiarlo.

Llegó la hora de la verdad. Y es evidente que hay que dar un giro radical al modo de hacer política. Giro que comienza con la expulsión del sistema de todos los corruptos. Pero también con la formulación de propuestas concretas y posibles. No sea que nos vendan un cuento con música de sirtaki, para luego decirnos: no Podemos porque Europa es una bruja y, además, alemana?