Chapuzas en el Marcide

Andrés Vellón Graña
Andrés Vellón LA GÁRGOLA

FERROL

El hombre ingresó en el Marcide a media tarde del martes para ser operado a primera hora de la mañana siguiente. Nada grave, vaya por delante. Una intervención menor para evitar molestias. Que quede claro. Para que no haya malentendidos. Pero una operación, por muy menor que sea, es una operación. Y el ser humano tiende a ponerse nervioso. El paciente, fundamentalmente, y también los familiares.

Y llegó la mañana del miércoles. Todo listo. Vía en vena, a golpe de suero desde la tarde-noche anterior... Comienza la espera. Solo había una persona que tenía que pasar por quirófano antes que él. Diez de la mañana y nada. Tic, tac. Once de la mañana. Tic tac. Doce, una, dos... Algo pasa. Pero no se sabe qué. Hasta que a las dos y media llega la sorpresa. A vestirse. Y para casa. Rapidito. ¿Motivo? No hay franja horaria ya suficiente para que el anestesista pueda dormir al paciente y reanimarlo tras la operación. O eso dice el médico. «Ya se le llamará para ingresar de nuevo». ¿Cuándo? No se sabe. En un mes... Por decir algo.

La surrealista situación, que presenció el que suscribe, deja un tufo a caos. Un impecable trabajo de los profesionales sanitarios que, al final, se ve empañado por el desorden. Da la sensación, como se suele decir, de que no hay nadie al volante. La sanidad va a peor. Indiscutible. Y el respeto por el paciente, también. Pero en España, todo marcha. Pues ahí queda el gasto público de esa noche de hospital. Para nada. Y el cabreo. Y no se olvide de pagar el párking. Que es barato. Vaya chapuza.