Ser ciudadano es mucho más que votar o ser elegido. En una democracia, los derechos y libertades están regulados por las leyes. Y su ejercicio garantizado por los poderes del Estado. Pero hay que asumir, también, los deberes. Y lo responsable es cumplirlos voluntariamente. La sociedad -tanto como leyes- necesita comportamientos cívicos como base de la convivencia. Probablemente, algunos de nuestros problemas tienen otras causas además de la corrupción y la crisis. Una de ellas, sin duda, es la deficiente educación para la ciudadanía que, por cierto, no cabe en una asignatura?
Nuestro sistema político es uno de los más garantistas de los países democráticos. Y así seguirá, a pesar de algunos discursos nostálgicos. Pero, precisamente por eso, es hora de hablar, un poco más, del ejercicio de nuestros deberes y considerarlos, también, pilares de una democracia sostenible. Porque, no siempre, la responsabilidad es del otro.
Confieso que esta bitácora me la sugiere la noticia, conocida estos días, de que, en Ferrol, van a destinarse cuatro agentes de la policía municipal a vigilar la recogida de los excrementos de los perros. Por desgracia, la necesidad de esta medida nace de la lamentable actitud de quienes, sin rubor, nos hacen a diario este «regalito».
¿Se han preguntado cuánto nos cuesta esa vigilancia? La conclusión es muy sencilla: poca fuerza moral tendremos para exigir, si ni siquiera cumplimos, sin la coacción de la multa, deberes, tan sencillos de realizar, como este.