Hablar de paro en la comarca de Ferrol es arañar en una herida abierta, echar sal en una llaga. Si los gobiernos, desde los ayuntamientos hasta el que preside Mariano Rajoy, no se comportasen con la frivolidad cínica y descarada con que lo hacen, alejada de la más mínima empatía con las víctimas de la crisis, sentirían vergüenza de la utilización ventajista con la que se refieren al desempleo. No saben lo que es. No tienen interés en saberlo. Les basta con el breviario de las respuestas de manual: hoy, unas, mañana otras, según convenga ?«Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros», dijo Groucho: qué otra cosa dice ahora el PP respecto a Cuba-. Tal vez siempre haya sido así y la crisis lo ha visibilizado. La aflicción de millones de personas desahuciadas de su modo de vida, la destrucción íntima del individuo, su degradación también, es la arcilla con la que Rafael Chirbes modeló En la orilla, una descarnada historia contada con una admirable ingeniería narrativa, un viaje a las profundidades de la desesperación, a la angustia y el desamparo, justamente premiada con el Nacional de Narrativa 2014. Quizá el origen de esta carcoma moral enraíce en una etapa anterior y haya permanecido larvada hasta que floreció con todo su esplendor de corrupción. Acaso otra vez un novelista haya tenido el don de llegar al fondo, también premiado, este con el Tusquets del 2010, Rafael Reig con Todo está perdonado, referido a la Transición, una de las obras más brillantes y lúcidas de los últimos años en España. En ese perdón elíptico está nuestra penitencia de hoy, una mortificación que en la comarca de Ferrol roza límites intolerables.