Felices sueños

José Varela FAÍSCAS

FERROL

Anoche tuve un sueño inquietante, que mis torpes lecturas juveniles de Freud no lograron anclar en la vida real. No reconocí en mi fantasía onírica de reptiles que mutaban su incansable reproducción: áspides que engendraban crótalos, y de éstos derivaban mambas, para procrear víboras y cobras, etcétera, la simbología fálica que le atribuyó el austríaco (Ay, La cabeza perdida de Damasceno Monteiro). El desasosiego que la vigilia sobrepuso al sueño, cuando las campanadas del reloj de péndulo del vecino precedían la llegada del alba, dejó paso a un sentimiento de fraude, de timo, de hipocresía. Mi desmañado y rudimentario conocimiento de la psicología me dejó huérfano. Súbitamente, por azarosa concatenación de imágenes, en la duermevela recordé la reciente noticia de la ministra Ana Pastor de la inversión de treinta y seis millones de euros (encima de los seiscientos ya gastados) en el puerto exterior coruñés y el anuncio de la inminente licitación -más de cien millones más- de las obras de su conexión ferroviaria (trenes, culebras, túneles, madrigueras, silbos, pitidos... quién sabe). Hilvané, ya desvelado: con Langosteira conectado a la red ferroviaria, la flamante terminal de contenedores de Caneliñas es pura chatarra, suponiendo que no lo fuese ya antes y esa sea causa de su desmantelamiento en Algeciras para rearmarse en el puerto exterior ferrolano, jugosas subvenciones públicas de por medio. Pero ya fue definitivo para despertar por completo cuando caí en la cuenta de que tanto la Autoridad Portuaria como la alcaldía ferrolanas guardan un dócil y sumiso silencio ante el desprecio de Fomento. Ellos tal vez tengan felices sueños.