Crisis moral

Nona Inés Vilariño

FERROL

En aquella Roma corrupta, corrupción que fue una de las causas de la caída del Imperio, había hombres de bien, con suficiente valor para llamar a las cosas por su nombre, fuesen cuales fuesen las consecuencias. Es el caso de Cicerón que, aún hoy es referente por su infatigable denuncia de los comportamientos públicos corruptos, aunque por ello perdiese el favor de los poderosos y los posibles beneficios de un silencio cómplice. Decía que no hay vicio más odioso que traficar con bienes del Estado y que el dinero de los contribuyentes es sagrado. Contextualizando esta afirmación y releyendo alguno de sus discursos, podemos deducir que no le resultó gratis su indestructible actitud de defensa de la moral en lo público.

Recuerdo esto porque, en mi opinión, la sociedad española, inmersa en una profunda crisis, económica y política, vive, por desgracia, una crisis moral que va calando en el ser colectivo sin que tengamos el valor de abordarla como problema de más difícil solución que los otros. Comerciamos con las miserias del ser humano, y, al mismo tiempo, elevamos a la máxima categoría social a una serie de personajes, a quienes, durante décadas, no se les ha exigido explicación alguna sobre su patrimonio, su esplendorosa vida o los escandalosos salarios que pagamos todos? En el fondo hay una patológica admiración hacia el éxito rápido, mientras seguimos menospreciando el esfuerzo, el trabajo continuado y la superación personal, como si fuese cosa de los menos capaces?