El estigma

José Varela

FERROL

Cada nuevo dato que se conoce de la realidad social de Ferrol proporciona más nitidez a la fotografía de una ciudad hundida, inerme, desvencijada. El último hace referencia a la evolución del paro en la comarca, elaborado por el sindicato CC OO, que eleva a más de ocho mil los empleos perdidos desde la entrada en vigor de una reforma laboral que el liberalismo triunfante presentó como el bálsamo de Fierabrás para el mercado de trabajo. Pero es que a esa cifra espeluznante -el número de individuos que padecen la situación es notoriamente superior: de un sueldo dependen más personas que su preceptor-, debe añadirse la circunstancia de que muchas de las ocupaciones que son registradas como tales tienen retribuciones que no alcanzan la mitad de las de los empleos destruidos. Ya se ha dicho: el paro es, con diferencia, el mayor problema de la sociedad ferrolana. Sin embargo, en tanto se mantenga el debate en términos de teoría económica, de cifras y porcentajes, de tasas y registros o encuestas de población activa, el asunto continuará siendo una abstracción. Y es esa forma de encarar el problema en si misma una de las afrentas más graves que se infiere a sus víctimas y, al mismo tiempo, el escenario predilecto del partido en el Gobierno para abordarlo. Así, el paro está desprovisto de rostros concretos, de hijos de desempleados, de hambre, de desamparo, de miseria, de desarraigo y de fractura familiar. De profundo y sangrante drama humano, en definitiva. Solo desde esa perspectiva desdeñosa se entiende que algunas almas cándidas de la derecha crean, tal vez bienintencionadamente, que dar de comer a los niños con hambre sea estigmatizarlos.