Un ejército de risas contra la leucemia

ana f. cuba CEDEIRA / LA VOZ

FERROL

Una joven cedeiresa, estudiante de tercero de ESO, cuenta en un blog sus vivencias del cáncer

08 jun 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

A Paola se le iban las piernas. «A principios de abril de 2013 fui a Madrid de excursión con el instituto (Punta Candieira, de Cedeira), me sentía cansada, con ganas de vomitar en las paradas. Qué raro... Yo que había ido a París en coche con mi padre, porque le da miedo a volar...», recuerda la joven cedeiresa, que el 8 de julio cumplirá 15 años. «Será la edad», pensó. Paola Couce Fernández nada desde pequeña, practica surf y hace dos años que juega al fútbol (defensa o delantera). «Con darle cuatro veces a la raqueta me cansaba... Y eso que soy la que más corro de clase, y al subir las escaleras las piernas me fallaban, como si no tuviera, y tenía que tirarme en plancha».

Tantos síntomas para un simple virus. Y aquella palidez, aquel color «amarillo chino», que alertó a los profesores. «El 26 de abril me lo dijeron: Ya te analizamos la médula, ¿sabes qué es la leucemia? Tenemos que tratarla con quimioterapia, tienes que estar ingresada un mes». Un shock y una tristeza desconocida. «Lágrimas y lágrimas, era lo único que soltaba. Tirada en la cama, no tenía ganas de nada, ni de comer, ni de hablar», rodeada de abrazos. No tardó en «empezar a comprender». «Para qué me iba a pasar toda la vida llorando, teniendo mejores cosas que hacer», escribió poco después en su blog, que creó a sugerencia de su hermana, María del Mar, y que le ha servido para desahogarse.

Hakuna Matata

«Como a mí me cayó esa bolita, que contenía esa enfermedad, le puede pasar a cualquiera. Aconsejo aprovechar todo al máximo, sin miedos, sin complicaciones. Hakuna Matata». Sabía que «nada iba a ser lo mismo». El tratamiento se alargaría durante dos años, «pero lo peor era el primer mes, porque nunca había estado ingresada». No iba a divertirse como siempre. Pero nada le quitaría la sonrisa. «¿Que no puedo ir a la playa? Pues voy a las ocho de la tarde a mojarme los pies y a pasear. ¿Que no me puede dar el sol? Tengo gorros bonitos, compraré gorros preciosos». Además, las magdalenas de chocolate, «de las miles» que su tía le ha preparado, mitigan cualquier molestia sufrida en el quirófano.

Tres días después de que las oncólogas, Gemma y Ana -«les debo muchísimo»-, le comunicaran el diagnóstico, le colocaron el catéter y empezaron las sesiones de quimioterapia. Trece meses más tarde, ya solo le queda una sesión «y otro año con pastillas». «Mis amigas estaban en Guinda, un sitio de gominolas (Cedeira), me habló una... ?tengo leucemia?. Ahora me han dicho que estuvieron toda la tarde llorando». Su mejor amigo había padecido esta enfermedad de niño, pero «nunca se había profundizado en ello». En el Hospital Materno-Infantil de A Coruña ha conocido a muchos niños, «casi todos más jóvenes». Antonio, Sabela, Olalla, Laura (la única de su edad), Fran, David, Marcos.

«Mis padres me han mimado mucho, ves quiénes son tus amigos de verdad y aprendes a apreciar más las cosas, no tanto lo material, como disfrutar más de la vida. Que te gusta un niño y no te hace caso, pues ya habrá otro...». Echa de menos las aulas, una profesora le da clase en casa y le entrega los ejercicios, y su hermana le ayuda con la Química. Cuando los leucocitos flaquean (cada vez menos), Paola moviliza a su ejército de risas para defenderse. Ella lo llama «positividad». Con el verano «llegó el bajón..., la Patrona, quería salir, justo cuando ya te dejaban». Espera poder resarcirse este año. «Tiene que ser un verano de verdad». Sin mascarilla. Ahora se concentra en estudiar y avanza en la lectura de El diario de Ana Frank -«¡Qué pena me da!»-.

«No puedo comer chocolate ni fritos, antes comía de todo y ni engordaba, no se me acumulaba nada en el hígado como ahora». En las redes sociales [Facebook, Instagram y Twitter, @paolacouce] ha recibido el ánimo de mucha gente. Descartada la oncología, duda entre enfermería, psicología o filología. Y, por supuesto, acabar la carrera de piano. En el hospital soñaba con los macarrones de su padre, los espaguetis de su madre, la tortilla «perfecta» de su hermana, el marraxo de A Calexa y O Areal, los calamares del mesón de O Floreal, la milanesa del Aldebarán... Lo ha confesado en su blog, premiado por el Anpa Picapeixe. «Si quieres, puedes; soy fuerte, muy fuerte». ¿El secreto de Paola? «Vivir».