Esperanza

Carlos Agulló Leal
Carlos Agulló EL CHAFLÁN

FERROL

09 may 2014 . Actualizado a las 12:10 h.

John Maynard Keynes no estaba muerto. El economista norteamericano propuso después del crac del 29 una teoría económica basada en la política fiscal y el gasto público para dinamizar la economía y el empleo en situaciones de grave crisis. Han tenido que pasar años desde que empezaron a sonar las últimas voces de alarma y sacrificar miles de empleos para que el Gobierno se decidiese a dar un paso (con huella keynesiana) que permita desbloquear el colapso económico y social en el que está la comarca de Ferrolterra.

No es momento de reproches ni de echar la vista atrás. Pero, ahora que los ministerios de Defensa y Hacienda han sido conminados a poner los euros encima de la mesa, no parece tan descabellada la exigencia de que el Estado saliese en auxilio de una zona en situación de emergencia. Porque así está Ferrol, con un paro del 30 % y su principal centro de actividad paralizado. Y esa decisión, tardía y aún algo cicatera, avala también la movilización ciudadana y la presión sindical y política que han impedido que un territorio moldeado para servir al Estado fuese abandonado a su suerte por el propio Estado. Otra vez.

Dos contratos (el flotel para México y un buque de mediano porte para la Armada) no devuelven al sector naval ferrolano al lugar que puede ocupar, pero son un soplo de esperanza. Y debe haber más: la eólica marina o las reparaciones, para lo que, por cierto, debe construirse el prometido dique flotante y poner fin a un veto europeo extemporáneo. Si el obstáculo son unos gestores que no acaban de entender que para Galicia el sector naval es estratégico, que el mismo Gobierno que los nombró los cese.