Avanzando

Beatriz García Couce
Beatriz Couce DESDE LA GRADA

FERROL

El buque de Montoro -el barco gris que con insultante frivolidad bautizaron los mismos que usan el término corte de chapa con tanta ligereza- por fin tiene nombre y apellidos. Es posible que no es el que le gustaría a la mayoría de los ferrolanos del naval, que aspiraban a reeditar un Juan Carlos I o un Cantabria, pero sin duda el encargo de un barco de acción marítima es un balón de oxígeno para las plantas gallegas, que también están a punto de empezar la fabricación del flotel.

Aunque a pocos se les escapan los claros tintes electoralistas, ya que restan poco más de dos semanas para las elecciones europeas, no hay ninguna duda de que el anuncio despeja los terribles presagios que hasta hace pocos meses se cernían sobre el sector. La carga de trabajo aún es insuficiente, sí, pero poco a poco la cartera de pedidos vuelve a crecer en los astilleros de la ría.

Tras una sequía de siete años sin la firma de nuevos encargos para las plantas locales, el naval se pone en marcha de nuevo. Los ferrolanos salieron a la calle en manifestaciones multitudinarias en defensa de unos astilleros que son el pulmón de la economía de la comarca. Están llegando las respuestas.

Pero los que tienen responsabilidades sobre el sector no pueden relajarse. Los mismos que ayer no quisieron venir a Ferrol a festejar este nuevo encargo para la Armada española tienen entre sus compromisos continuar la pelea por el dique flotante y por liberar a la empresa de sus limitaciones al sector civil. Su trabajo no ha terminado.