Desmontando Navantia

Andrés Vellón Graña
Andrés Vellón LA GÁRGOLA

FERROL

La tendencia es la que es. Está ahí para quien quiera verla. Asistimos, en muchos casos casi sin darnos cuenta, a un abismal cambio social y económico. Las políticas que se aplican en los últimos años por los dos partidos que se turnan al frente del Gobierno central -con matices, claro- giran la vista a lo privado (que es cosa de unos pocos) en detrimento de lo público (que es algo de todos).

Ese interés lo empaña todo. Desde la educación a la sanidad pasando también por el ámbito de la justicia. Lo dicho, el cambio -a peor, para el que suscribe- ya está en marcha, aplicado y con difícil vuelta atrás.

Y, no nos engañemos, es en ese marco en el que hay que ubicar la situación de Navantia y de la antigua Astano. ¿Cómo es posible que se encuentren en esta agonía? ¿Por qué la compañía pública no saca ningún partido a las acciones comerciales que tiene abiertas por todo el mundo? ¿Es que no hay suerte? ¿No era previsible hace años que se llegaría a este punto de falta actividad? ¿No ha habido tiempo suficiente para planificar alterantivas?

Vivimos un desmontaje sistemático y planificado de Navantia. Mientras las promesas van y vienen para continuar enredando, lo que queda es una plantilla principal cada vez más corta. ¿Volverá a haber fuertes picos de actividad en la construcción naval? Sí. Pero la mano de obra que los atenderá estará en otras condiciones. Y serán peores. Al tiempo. Las decisiones ya están cocinadas. Y servidas.