En los tres últimos años han acaparado una actualidad que a la mayoría no les gustaría protagonizar. El tejido industrial del sector naval de la comarca ha padecido el desplome de la actividad en la que para muchas compañías auxiliares era su principal cliente, Navantia, y muchas de ellas, pese a acumular décadas de trayectoria en Ferrolterra, no han podido superar la crisis, acentuada por la falta de financiación que ha asfixiado a otras muchas compañías de otros sectores. Talleres Cachaza, Eymosa o Tecnymo sucumbieron, y son solo tres ejemplos.
La mayoría de las que se mantienen lo han hecho aplicando ajustes laborales que han disparado las listas del paro en la comarca y es innegable que pese a sus sufrimientos por mantener sus negocios a flote han sido sus trabajadores los que se han llevado la peor parte. Ahora, como en la anterior crisis de los astilleros públicos, también apelando a la necesaria competitividad, el gigante naval vuelve a diseñar un escenario de subcontratación que no convence a las pequeñas firmas que luchan por sobrevivir. Se apelan a modelos como el de la automoción, pero sigue sin contemplar a la industria auxiliar como un auténtico socio en los proyectos. Se requiere a las industrias una implicación desde las primeras fases de los proyectos que después no se va a ver recompensada con una verdadera alianza de compañeros leales. Navantia aún está a tiempo de demostrar su implicación con las comarcas que la han hecho crecer.