Vilaboa, una aldea con atractivo

Varias familias se mudan al rural atraídas por las ayudas que ofrece la cooperativa para recuperar población y evitar el cierre de la escuela


Valdoviño / la voz

«Si os volvéis a Ferrol yo no voy, me quedo aquí», bromea Noa Díaz. Sus padres Raquel Pita y Víctor Díaz, y su hermana mayor Bárbara se mudaron a Vilaboa el pasado verano. «Pedían la ayuda de familias con niños pequeños que pudieran estudiar en la escuela rural de Vilaboa para evitar su cierre. Y como ya tenemos familia aquí y mi marido trabaja en la zona decidimos mudarnos», explica la madre. Hasta entonces habían vivido en Ferrol, donde continúa estudiando la hija mayor. La Cooperativa de Vilaboa ha puesto en marcha un programa de ayudas para animar a familias jóvenes a mudarse a la parroquia valdoviñesa y evitar el cierre de la escuela. «Nos dan una ayuda de 150 euros para el alquiler», explica otra recién llegada a la aldea, Sonia Días.

Hasta el pasado mes de septiembre vivía en Portugal con sus hijos Laura y Tomás, aunque su marido, Nuno Rodrigues, que trabaja en el sector de la madera, llevaba más tiempo en Vilaboa. «De momento estamos de mudanza, de alquiler en un piso buscando una casa para poder traer a los perros que se quedaron en Portugal y establecernos», explica Sonia. Son solo dos ejemplos de varias familias que en los últimos meses han decidido mudarse a esta zona animados por los muchos atractivos que ofrece.

Aseguran que prefieren vivir en el rural antes que en la ciudad, y si además la cooperativa les ayuda en su estancia, «mejor». «Vivir aquí es mucho más calmado, los niños pueden disfrutar del campo, de estar con los animales...», coinciden ambas madres. «A mí la ciudad nunca me gustó. Y aquí tenemos ventajas como la escuela, la ayuda al alquiler, mi hijo mayor que estudia en el Atios tiene transporte gratuito... estamos muy contentos», relata Sonia.

Sobre la adaptación de los pequeños, aseguran que se acostumbraron desde el primer día. «Lo que más me gustan son los animales. Tengo un perro, gallinas y una tortuga. Y me gustaría tener vacas, cerdos y un puma», asegura Noa. Sus padres cuentan que todos los fines de semana se va a casa de los abuelos, que también viven en Vilaboa, a cuidar de los animales. «Estudiar en la escuela con pocos alumnos fue una ventaja para Laura que no tuvo ningún problema para adaptarse al idioma», asegura Sonia.

El transporte, el mayor problema

Sin embargo, aunque son muchas las ventajas de vivir en la campo, reconocen que no es «un «paraíso». «Para mí el mayor problema es el transporte. Mi mujer no tiene carné y depende de mí para todo, si quiere ir a la compra, si quiere ir a a Ferrol... Solo hay dos autobuses por la mañana que no llegan», critica Víctor.

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