Abuelos


Según un informe publicado por la prensa, en España, más de un millón de abuelas cuidan regularmente de sus nietos, y otros tantos abuelos se dedican a tareas complementarias relacionadas con ellos. Parece que nuestra estructura familiar es una valiosa ayuda en esta crisis laboral y económica. Y también viene a confirmar que el envejecimiento activo entre nosotros es algo que llevamos con naturalidad y afán de servicio.

En ocasiones se ha recurrido a la imagen teatral de la estructura en tres actos de la obra dramática para explicar los tres estados por los que pasa el ser humano: primero somos hijos, después padres, y finalmente, abuelos. Y esta última experiencia, según opina la mayoría de los que son abuelos, resulta particularmente especial. La obra teatral de la vida se cierra con un último acto en el cual el abuelo se va a implicar con agrado y con generosidad. Es una situación que suele llegar con la edad, pero que no se queda en un mero título honorífico. Lo normal es que la alegría que produce el nacimiento de un nieto se convierta, automáticamente, en un compromiso de colaboración y ayuda, que en estos momentos puede ser más económica y laboral, pero que siempre será emocional y afectiva. No tengo la experiencia propia de ser abuelo ?aunque espero tenerla-, pero sí conozco la que están empezando a vivir compañeros y amigos de mi generación, y todos coinciden en que se trata de una sensación desconocida hasta ahora y muy grata. No importa que haya que madrugar para llevar a la niña al colegio, o que haya que hacer de canguros para que los padres puedan salir a cenar con unos amigos; o que haya que hacer de cocineros durante la semana para que coman en casa los niños y los padres, con horarios de trabajo muy ajustados. La compensación siempre será ese vínculo de afecto y esa natural empatía que se van creando entre abuelos y nietos. Y el fenómeno debe de ser de tal envergadura que uno no llega a explicarse cómo aquel chico que no era lo suficientemente bueno para casarse con su hija puede llegar a ser, más tarde, el padre del nieto más inteligente del mundo? Milagros de la genética.

Y, como dicen los pedagogos, en lo que debieran esforzarse todos los abuelos es en convertirse en buenos educadores de sus nietos. Aunque la responsabilidad principal sea de los padres, se necesita su colaboración. Con el ejemplo, con la actitud positiva ante la vida, con el afecto. Y evitando cumplirles caprichos. Es decir, habrá que hacer lo contrario de lo que hizo un abuelo de mi pueblo, padre de un amigo, con el hijo de este. El chico, cumplidos los 18 años, se empeñó en tener una moto. Los padres se oponían. Él insistía sin dar tregua, y además, exigía una marca japonesa. El abuelo tomó una determinación: se lo llevó al concesionario de la ciudad, le dijo que escogiera una, la pagó al contado y le dijo al chaval: «E agora que non me entere eu que che pasa alguén diante pola autopista».

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