A Yurrita, el célebre portero del Racing que jugó en 1939 un campeonato de España y fallecido en fecha reciente, se le conoce por sus celebridades como guardameta. Pero Leonardo Ares, como realmente se llamaba, fue también un represaliado del franquismo. Estuvo preso en el castillo de San Felipe por su militancia republicana. Su peripecia aparece en el libro Lembranzas desde o silencio, que el viernes a las 20 horas será presentado en el Ateneo por el autor, Enrique Barrera.
Con el apoyo de la asociación Muiño do Vento, el historiador aclara lo ocurrido A Losada (Ramón), al que se creía como un «mal paseado» porque había huído malherido del paredón de fusilamiento. No ocurrió así, dice Barrera. Cuando los falangistas le llevaban para darle muerte en San Pedro de Leixa, un destacamento militar paró el camión y el jefe del retén reconoció a Losada (eran amigos) y ordenó a los falangistas que se lo dejasen a ellos. Eso le salvó la vida. O Rosa Fernández, de la calle Insua, juzgada en consejo de guerra en la causa 285/42 por distribuir un discurso de Indalecio Prieto. Con ella fue sentenciada a prisión José Varela Cachaza. Rosa perdería luego a su hijo Juan José, oficial del Castillo de Monjuich, un mercante que desapareció en el Atlántico en 1963, sin dejar rastro. En la Guerra Civil se había quedado sin marido. La historia de Cabadas, de Erundina... Y otros muchos vecinos Canido sufrieron doblemente el 1936 porque el cementerio estaba en el barrio, donde hoy se halla el instituto. Uno de los paredones del camposanto era lugar de fusilamiento, a un paso de las casas.