La política, un problema

Andrés Vellón Graña
Andrés Vellón LA GÁRGOLA

FERROL

En una situación de emergencia social. Así se encuentra la ciudad de Ferrol y buena parte de la comarca. Y así hay que decirlo. Sin paños calientes ni remiendos. Sin eufemismos.

Mientras unos políticos se aplauden entre sí por la consecución del flotel de Pemex -que da algo de oxígeno a Navantia pero en ningún caso cura su hemorragia-, y otros se enzarzan en críticas y batallas campales e intestinas, la realidad azota a la sociedad civil sin que nadie se digne a darle una respuesta válida.

Las cifras del paro en las tres comarcas son de escándalo. Cáritas alerta de la avalancha de solicitudes de ayuda que recibe, y que, lejos de amainar, cada vez va a más. Cierran muchos negocios. Abren muy pocos. Llegan recortes a la sanidad, a la educación. Golpe tras golpe. Y la gente, en la calle, habla de lo que habla. Del temporal. Del meteorológico y del otro. De la que está cayendo mientras se desvelan casos de corrupcción en los despachos jornada tras jornada y se responde a ellos sin rubor y, en ocasiones, hasta con inadmisibles sornas.

En definitiva. Ferrol está al límite. El que diga lo contrario miente. El declive económico, laboral o demográfico es el que es. Se trata de indicadores incontestables para los que solo sirven respuestas claras y contundentes. Respuestas que no están llegando por ningún lado. Aunque haya quien cobre, y mucho, por darlas. La política ha de ser una solución. No un problema.