Son los ferrolanos unos eternos insatisfechos, hipercríticos, insaciables con su sector naval, una especie peculiar en Galicia? Claro que no. Con igual grado de expectación y de esperanza que vivieron las últimas horas del desenlace de la adjudicación del buque hotel para la mexicana Pemex, que se dio a conocer pasadas las tres de la madrugada hora española, analizaron ayer con frialdad lo que supone para la comarca. Con la serenidad que da muchos años de promesas vacías y de llover sobre mojado en un naval que, por ser público, está a expensas de los políticos de turno. Lo que en principio se vendió como un contrato firme se fue contaminando en los últimos 16 meses por explicaciones oficiales que, lejos de tranquilizar, solo sirvieron para aumentar la incertidumbre. No esperen, pues, de los ferrolanos la euforia habitual con la que se reciben los anuncios de nuevos buques.
Además es, como dijo ayer un trabajador de Navantia, una tirita para una una herida de una cuarta, un caramelo al que no podrán acceder los miles de trabajadores auxiliares que han sido despedidos conforme las gradas de los astilleros se quedaban vacías. Nadie quiere echarle agua a la vela de optismo que ha encendido el nuevo encargo, pero tampoco nadie puede bajar los brazos. La comarca ha cerrado el año con unas tasas dramáticas de paro. El deseo es que la obra de Pemex sea el inicio de la recuperación, pero los que ostenta responsabilidades -políticas y empresariales- tienen el deber de garantizarlo.