Que vivan los Reyes Magos

Miguel Salas CRÓNICAS FORENSES

FERROL

El día de Reyes, aun siendo uno de los mejores del año, pierde parte de su magia cuando uno se hace mayor. Mi familia mantiene las formas y respeta el ritual que seguíamos cuando mis hermanos y yo éramos pequeños: los regalos se abren en riguroso orden de edad y todos esperamos nuestro turno sin rechistar. Este año Sus Majestades se han portado excepcionalmente bien. Además de ropa bonita y un buen libro -de esos gordos y deseados que se piden solamente en cumples y fiestas mayores- me han dejado en casa de mi tía Maricarmen -una de las personas más cultas que conozco, y culta de leer, de leer mucho y con ganas, de leer viviéndolo- una preciosa pluma estilográfica. Y no una pluma cualquiera, sino su pluma, la de mi tía, la que ha usado ella toda la vida para escribir sus diarios, sus reflexiones sobre los escritores que nos apasionan a los dos -Carson McCullers, Leonard Cohen- y de los que tanto hemos hablado. Será un talismán para mí y la guardaré como se guardan los tesoros de verdad, que son los que nos regalan las personas que nos quieren.

Además, los Reyes nos han traído muy buenas noticias: mi abuela, que tuvo que ir a urgencias en Nochebuena, está, a sus ochenta y cuatro años, como una pera y dentro de nadita saldrá del hospital, y mi hermano y mi cuñada han tenido, prematura pero guapísima, una Carmencita que volverá a darle a nuestros días de Reyes el sentido que deben tener. Todo vuelve a empezar. Vivan los Reyes Magos.