Que se los lleve

Noa Inés Vilariño

FERROL

El verano, caliente también por ese fuego destructor que parece incrustado en el ADN de un pueblo que ha de convivir con él sin ser capaz de prevenirlo, se marcha ya. Mi personal impresión es que la gente ha recogido su toalla de la arena un poco antes de lo habitual, seguramente porque espera un otoño duro en el que la incertidumbre económica y, sobre todo, la situación política, tiñen de gris el futuro inmediato. Hace unos días leí un desgarrador testimonio que un marido le enviaba a su ya ex en formato de carta de despedida.

Sin entrar en su contenido, que no viene al caso, sí diré que me pareció una reflexión, desgarradora en este caso, pero sobre todo, y esto me interesa especialmente, un testimonio de actitud positiva a la hora de enfrentarse a las dificultades que la vida nos va poniendo «mientras nosotros planificamos?» Su mensaje se concreta en que le pide, de manera metafórica, que se quede con todo lo que ha arruinado su relación. Mi deseo para este verano que se va, mientras recuerdo a quienes han arruinado un poco más el alma de la sociedad -que se siente impotente para arrojar de la vida pública tanta inmundicia- es muy sencillo: que se lleve a todos los ladrones de nuestro dinero y nuestra decencia colectiva. Y me quedo con esto, porque creo que no hay recuperación posible sin una limpieza a fondo, que comience por el reconocimiento de las culpas que a cada cual correspondan para pagar por ellas y, por supuesto, devolver lo que robaron.