Ferrolterra ha hablado en la huelga comarcal. Y lo ha hecho con un grito tan contundente como respetuoso. Sin fisuras. Sin incidentes. Cerrando bocas y echando por tierra el cliché de la conflictividad social.
La paralización de la comarca ha sido, en esta ocasión, fruto de un consenso tácito en la calle. Del boca a boca. De la responsabilidad que la ciudadanía ha asumido de modo ejemplar ante la gravedad de la situación en el territorio.
A los recortes, mentiras, promesas falsas y palabrería de despacho respondió Ferrolterra con una manifestación histórica. Con miles de rostros de todas las edades. Con caras de votantes de todos los partidos. Sí, de todos los partidos. Y con un mensaje rotundo. Hay preocupación, pero no se bajan los brazos, porque la gente quiere futuro. Porque lo puede haber. Y este, desde luego, no pasa por tener los astilleros vacíos. Entre otras cosas.
¿Y ahora? Ahora tocan respuestas. Pero inmediatas. Lo demás no sirve para nada. Ni que el alcalde se sienta «conmovido» ni que el presidente de la Xunta comparta los motivos de la protesta. Solo faltaría. Ferrolterra ha gritado con claridad meridiana. Como lo hizo en su día en las urnas. A los herederos de esa confianza masiva que dieron los resultados electorales se les pide, simplemente, que hagan su trabajo. Que cumplan. Si no son capaces, que dejen sitio a quién sí pueda. Que sean tan responsables como lo es la sociedad. Sencillo.