Líneas rojas

Nona Inés Vilariño MI BITÁCORA

FERROL

El clima de crispación y desencanto que vive la sociedad española está motivado no solo por la crisis (económica y moral) sino por la nula credibilidad y prestigio de unos políticos que parecen haberse elevado sobre la realidad para interpretarla del modo que más convenga a sus planes, que son, salvo excepciones, mantener o alcanzar el poder, lo que constituye el caldo de cultivo de radicalismos que han sobrepasado algunas líneas rojas, como la pérdida de las formas que son la esencia de un sistema político democrático. Es cierto que una democracia es mucho más que unas elecciones. Cualquier forma de protesta ciudadana es legítima y conveniente. Pero ha de cumplir un requisito indispensable en un estado de derecho: respetar la ley. Lo que se está viviendo en diversos ámbitos institucionales e, incluso privados, como los comportamientos violentos de algunos radicales que parecen gozar de licencia para intimidar y acosar a autoridades, a políticos, y familiares, han sobrepasado ya las líneas rojas del respeto y de la ley.

Como ciudadana exijo, no pido, que se respete mi derecho al funcionamiento normal de las instituciones. Para conseguirlo hay medidas que pueden tomarse sin menoscabo del derecho a la libertad de expresión y de discrepancia. Cada pleno que se suspende por actuaciones violentas, cada escena de violencia como las que protagonizan algunos diputados en O hórreo, son un atentado insoportable a la dignidad de aquellos a los que representan. ¡Basta ya¡