El área sanitaria de Ferrol cerrará este verano el 11% de sus camas, 46 en cifras absolutas. Una desconocida pero pertinaz tendencia de los ferrolanos a aliviar sus patologías durante el estío hace posible que cada año crezca el número de camas inhabilitadas. Una predisposición salutífera que la comarca comparte con el resto del territorio Sergas, si bien con matices: en algunas zonas la querencia a la lozanía veraniega es más intensa y, en consecuencia, la tasa de camas sin ocupar es más elevada. Arcanos de la medicina. He ahí una vía a explorar seriamente, cuando haya recursos disponibles, claro. Tal vez salte el eureka en cualquier momento y se llegue algún día al cierre del 100% de las camas. Es cuestión de ir afinando. Pues habrá que conceder que las previsiones de las autoridades sanitarias gallegas no se sostienen en el principio del experimento del gitano con la dieta de su jumento. Desconozco, mientras no se alcanza ese feliz momento, qué pasará por la cabeza de un paciente que esté a la espera de ser citado para una intervención quirúrgica de segundo nivel de urgencia, pongamos una prostactomía radical a causa de un adenocarcinoma. Pero quizá no comparta el optimismo de los cálculos productivistas y economicistas de los responsables de la sanidad pública. Y barrunte que si las vacaciones son un derecho de cualquier trabajador, también lo es de cualquier usuario que el servicio se mantenga con las sustituciones de médicos y personal auxiliar debidamente programadas y retribuidas. En fin, salud para todos.