Acoso


No es de escrache de lo que escribo hoy sino de ese otro tipo de acoso, dramático y, en ocasiones nada visible, que sufren tantos escolares en medio de la tolerancia y de la hipócrita ignorancia de quienes tienen la obligación de prevenirlo, denunciarlo o castigarlo con el rigor que merece un comportamiento difícil de valorar por quien no ha vivido de cerca qué supone para miles de criaturas, en muchos casos casi indefensas, soportar el trato, de una crueldad insoportable, de quienes ejercen esa forma de intimidación o amenaza.

El acoso escolar se vincula ahora al uso de las redes sociales y se responsabiliza a la escuela y a los profesores de la falta de un acertado tratamiento del problema. Aceptando que las redes sociales facilitan el acoso, es necesario analizar el comportamiento de muchos padres que, en un ejercicio de irresponsabilidad, permiten que sus hijos, incluso al margen de la normativa legal, dispongan de todo tipo de recursos para usar la red sin control alguno. Me gustaría que todos conociesen cómo destruye la vida de miles de niños y jóvenes el ataque a su integridad moral, ejercido por unos acosadores protegidos por padres incapaces de decir «no» a demandas de sus hijos, solo por la comodidad que supone el «sí».

Si miramos de cerca los ojos de los niños podremos descubrir el dolor escondido en el alma de muchos de ellos, víctimas inocentes del ejercicio que otros hacen de la Libertad mientras arruinan las libertades, la dignidad y la vida de los demás.

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