Mientras que alrededor de un centenar de vecinos y sindicalistas de CIG, UGT y CCOO protestaban por la reforma laboral por las calles más céntricas de As Pontes, en las que apenas abrieron un puñado de negocios, en otros municipios como Cedeira o Cariño la mañana transcurrió casi como si se tratase de cualquier otro día.
La villa minera fue el municipio en el que más se secundó la jornada de huelga aunque no registró ningún incidente más allá de pequeñas disputas entre los protestantes y quienes decidieron trabajar. Los momentos de mayor tensión se vivieron en la entrada de una sucursal bancaria o en el supermercado Gadis, que cerraron momentáneamente sus puertas ante gritos de: «¡Nos tamén vimos a comprar!».
En Pontedeume, el inmueble que acoge la sede de la Policía Local, las oficinas de urbanismo y una escuela taller amaneció con la puerta de entrada y del garaje atornillada. Y en Neda, el supermercado Eroski tuvo problemas para abrir al estar la cerradura atascada con silicona. En estos municipios, al igual que en otros como Fene o Ares la gran mayoría de comercios y bares permanecieron cerrados.
«Absoluta tranquilidad»
Esta imagen contrasta con la jornada vivida en otras localidades en las que el ambiente fue más parecido al de un día normal. En Ortigueira, Cedeira o Cariño, las respectivas policías locales resaltan la «absoluta tranquilidad» que se respiraba en las calles. Los comercios y establecimientos hosteleros de estos municipios abrieron prácticamente en su totalidad. Al igual que Valdoviño, donde tampoco se registraron protestas y la mitad de los locales abrieron como cualquier otro día.