Grupos vinculados al narcotráfico han ocupado viviendas allí y en San Pablo
05 feb 2012 . Actualizado a las 07:07 h.Jesús Caselas, presidente de la asociación de vecinos de Recimil, no es el único que teme que las casas baratas se conviertan en «una segunda Penamoa», sus temores son compartidos tanto por autoridades judiciales como policiales de la ciudad, que advierten que el barrio corre peligro de degenerar, y convertirse en un foco de tráfico de drogas en pleno centro de la ciudad, si no se toman medidas urgentes.
En la actualidad hay más de cien viviendas ocupadas de forma irregular en el barrio y el número sigue aumentando, según Caselas. La policía sabe que entre las últimas oleadas de ocupantes irregulares llegaron al barrio vecinos procedentes del antiguo poblado chabolista de Penamoa, en A Coruña, que fue considerado durante muchos años como el supermercado de la droga del norte de Galicia.
Las viviendas sindicales
Otro tanto ha ocurrido en las viviendas sindicales de San Pablo, donde varios bloques han sido ocupados de forma irregular; en algunos casos también por antiguos vecinos del desaparecido asentamiento coruñés.
La problemática de Recimil ya ha sido tratada en varias ocasiones en la Junta Local de Seguridad, aunque por ahora no se han tomado medidas especiales en ninguno de los dos barrios.
En las cien viviendas ocupadas viven aproximadamente 500 personas, de las que se calcula que un centenar pueden ser problemáticas. El problema es mayor porque, mientras aumenta la población irregular, Recimil padece un grave problema demográfico. Los antiguos residentes tienen una edad media muy alta y se producen fallecimientos cada semana.
Un solo desalojo
Por el momento la policía solo ha llevado a cabo un desalojo forzoso en el barrio en los últimos años, aunque el Ayuntamiento sigue tapiando edificios para evitar que sean ocupados de forma irregular. También se han producido algunos desalojos administrativos pacíficos, en los que el inquilino ilegal acepta entregar las llaves e irse, aunque según el presidente de la asociación de vecinos no se han producido más de cinco.
Recimil es un barrio de contrastes en el que uno puede encontrarse con un flamante BMW rojo aparcado frente a un bloque de pisos arruinado, con muchas ventanas rotas o tapiadas con maderos y sin puertas en el portal. ¿Qué fue de las puertas? «Un día llegó un tipo con un camión y por lo visto bajó, las desmontó, las cargó y se fue. Supongo que las necesitaría para venderlas», explica Jesús Caselas.
Para tener piso en Recimil se supone que hay lista de espera, sin embargo hay edificios enteros de ocho pisos ocupados por solo dos familias. En otros es evidente que hay gente vigilando que no se acerque nadie a observar, hay rumores de pisos habilitados como centros de consumo de droga y una creciente delincuencia de bajo nivel.
35 personas en una casa
En la casa en la que se produjo el único desalojo policial reciente se encontró un butrón en el suelo que comunicaba con el sótano. El líder del grupo lo había hecho para meter allí a parte de su numerosísima familia.
De otra vivienda, con baño y dos dormitorios, se llegó a expulsar a 35 personas hace unos años. El Ayuntamiento tuvo que tapiarla porque los intentos para entrar en ella se sucedían.
La decadencia del barrio tiene amargadas a vecinas como Antonia y Carmen Alonso, que viven desde hace 60 años en una casa de la calle Bastiagueiro. Varias personas amenazaron hace unos meses con instalarse por las buenas en un piso de su bloque. «Antes muerta», cuenta Antonia que les contestó. Llamaron a la policía y el Ayuntamiento tapió todo el piso y lo cerró con una puerta metálica.
Hace dos años el portal de su casa se llenaba de aguas fecales casi a diario. Ocurrió en parte de las viviendas tras unas obras de mejora realizadas en todo el barrio con fondos del Plan E. «Era un asco, el olor era terrible», recuerda Carmen. El Ayuntamiento tardó «más de dos semanas» en arreglar el problema. Caselas lo considera un ejemplo del «caos» administrativo que amenaza con arruinar el barrio.