Han pasado seis meses desde que tomó posesión la nueva corporación municipal. Y parece que fue ayer. Ferrol tiene fama de ser una ciudad que camina pausada, quizás por fuerza. Y, disculpen que recurramos al tópico, la sensación que queda echando la vista atrás para repasar qué ha sucedido en la ciudad desde el último cambio de inquilinos en la Plaza de Armas es que gobierno y oposición van a ralentí.
Y seguro que es una sensación que ellos no comparten. Al menos sobre sí mismos -a algunos no le llegan las horas del día-, aunque sí de lo que hace el contrario. Para la oposición, el Gobierno popular de José Manuel Rey inició las vacaciones tras la toma de posesión y las empalmó con el puente de esta semana. Para el Gobierno, la oposición está hibernando, pero tampoco lo dice muy alto por no despertarla.
Quizás no habría que sorprenderse mucho de que en estos primeros seis meses no se empiecen a ver en la calle los frutos de una acción de gobierno nuevo. Hay motivos. Para los más críticos, por incapacidad; para los menos, porque las arcas municipales están exangües y es la consecuencia de la consigna dada por el alcalde a todos sus concejales: «Queda bloqueado cualquier gasto nuevo de aquí al 31 de diciembre». O puede ser, incluso, que realmente medio año no sea tiempo suficiente. En algunas conversaciones privadas, el exalcalde Irisarri decía que para superar el fárrago administrativo, un mandato municipal debería durar cinco años y para cumplir un programa harían falta dos períodos.
El caso es que cada vez son más los ciudadanos que se pregunta si el Ayuntamiento realmente está sin un duro, si toda la gestión de los de ahora se va en desmontar la de los anteriores o si es que sencillamente no hay capacidad de gestión. Se hicieron modificaciones presupuestarias para pagar deudas, cubrir el gasto social y atender lo inaplazable. Por ejemplo, la mejora de la cada día más deteriorada Plaza del Callao, que ahora deberá esperar un poco más.
Mientras el tiempo pasa, el Gobierno tiene enfrente una oposición que busca su sitio. Desde el PSOE dicen que lo están haciendo bien, aunque quizás no se visualice. Pero lo cierto es que los que antes mandaban y ahora pueden rebatir, callan, y los nuevos no son muy locuaces. En el BNG inician también, tras la dimisión de Xoán Xosé Pita, fase de reubicación, y a Juan Fernández, de Independientes por Ferrol, no se le puede considerar oposición, más bien al contrario. Queda, por tanto, Esquerda Unida como el grupo que más se hace ver, aunque tampoco está muy beligerante.
Se acerca el año nuevo y más recortes en los ingresos. Administrar la escasez es difícil, pero ese será el examen de reválida. Prudencia y audacia deben ser conjugables.
Ferrol tiene su cuota de protagonismo en la batalla interna que se libra en el PSdeG-PSOE. La secretaria local de los socialistas y diputada en Santiago, Beatriz Sestayo, es una de las personas que se han puesto a la cabeza de la oposición a Pachi Vázquez. «Si hay que renovar, se renueva», dijo Sestayo, quien subraya que todo dirigente debe hacerse resposanble de los (malos) resultados electorales.