El voto que se queda en casa

FERROL

punto de que se cumpla una semana de las elecciones generales, los resultados en Ferrol se han analizado ya por activa y por pasiva. Lo que dejan las urnas ha quedado más que claro.

Por la derecha, la marea azul de las autonómicas y municipales continúa arrollando. Son tiempos de cambio político y estaba más que cantado. No ha sorprendido, creo, a nadie. Ahora toca cumplir con lo que se ha prometido. Y las banderas, aquí, son claras. Sector naval y tren al puerto. Entre otras. Toca empezar a gestionar este y otros anuncios.

Por la izquierda, tanto en IU como en el BNG puede haber una tímida satisfacción, pues conservan -e incluso amplían- su terreno, pero siempre muy lejos de las dos grandes siglas estatales. El PSOE, mientras tanto, continúa con su progresiva sangría. Una alarmante pérdida de confianza por parte del electorado que no puede ser un aviso más claro de la necesidad de replantearse muchas cosas. O casi todas.

Pero de lo que no se ha hablado demasiado es de la abstención. Casi un 35%. En otras palabras, de cada cien votantes, 35 optaron por no acercarse siquiera por el colegio electoral. El mensaje es contundente. La falta de credibilidad de la clase política -en general, y siempre con honrosas excepciones- pesó más que lo mucho que había en juego en estos comicios. En eso deberían fijarse, y con interés, todos los partidos. Vencedores y vencidos. Porque su mensaje, simplemente, no llega.

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