sta noche (escribo cuando aún no se ha celebrado) seremos millones los que seguiremos el debate entre Rubalcaba y Rajoy, que, salvo sorpresa, no parece que vaya a cambiar la previsión de resultados. Una vez más se desarrollará con un formato sin la credibilidad que le daría si hubiese menor rigidez e, incluso, algunas preguntas de periodistas que podrían ser la voz de la calle. Quizá por esto son mayoría los ciudadanos que, según los últimos datos, prometen su ausencia.
El candidato Rubalcaba, o mucho me equivoco, no saldrá a defender su gestión como miembro del Gobierno de Zapatero. El rescate de Felipe, cuya contundencia a la hora de reivindicarse como hombre comprometido con el socialismo, choca con lo distanciado de su partido que se mostraba hace solo unos días. No sé si este rescate indica una vuelta al pasado. Si fuese así, seguramente, se sentirán ausentes miles de españoles que saben que la recuperación de personajes emblemáticos, que ya no militan, de verdad, en el compromiso, es un recurso algo mentiroso? Rajoy tendrá, ahora sí, ocasión de demostrar que en la larga espera, por fin, se desperezó.
Pero la ausencia que más me preocupa, y no en el debate, es la de esos candidatos ferrolanos (a alguno ni lo conozco ni conozco sus méritos para desbancar a otro) que ni han estado presentes, ni confío en que vayan a estarlo, como agentes políticos activos y comprometidos, para tratar de resolver los graves problemas de una comarca huérfana de valedores.
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