ethany Hamilton es una surfista que vive en Hawái y que conocimos en Pantín. Empezó de niña a practicar este deporte, introduciéndose en el mundo de la competición. Pero una mañana, a los trece años, un tiburón le arrancó de cuajo su brazo izquierdo. Y su vida, sus ilusiones, sus objetivos parecieron venirse abajo.
Pero ella decidió que, si algo había cambiado, serían solo las circunstancias. Y a las diez semanas surfeaba de nuevo.
La falta de un brazo es vital para la práctica del surf. Reto a cualquier surfista a probar, con un brazo atado a la espalda. Remar se convierte en una tarea complicada, muy complicada si hemos de hacerlo contra el oleaje. Saltar sobre la tabla es una nueva dificultad, ya que el surfista se apoya en sus dos brazos, con el centro de gravedad centrado. Hacerlo sobre uno te obliga a desplazar ese centro y hunde lateralmente la tabla. Luego, los movimientos de los brazos son fundamentales para efectuar los giros tan radicales que hace el surfer en la ola. Y por último únele enfrentarse a surfistas profesionales. Pero Bethany encontró solución para todos esos problemas. Porque siempre hay soluciones, mejores o peores, pero soluciones.
Una vez más se demuestra que en muchos casos las minusvalías de una persona, si ésta se lo propone, no tienen que ser una barrera insalvable para practicar deporte.
Gran lección la de Bethany. Éste sí que es verdaderamente ?el valor del esfuerzo?.
B