Una familia de Narón acoge a un niño afectado por el desastre nuclear
03 ago 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Maksim Atroshenko tiene 6 años y, si no fuera por sus ojos azules, su tez pálida y su pelo rubio platino, cualquiera podría pensar que se trata de un niño gallego. Como a los chavales de aquí, a Maksim le gusta jugar con sus Transformers, se pirra por las patatas fritas y disfruta como un enano con las aventuras de Bob Esponja. Pero Maksim no vive en Galicia, sino en la población rusa de Novozybkov -una de las más afectadas por el accidente del Chernóbil-, y por eso su esperanza de vida no está en 80 años, como ocurre aquí, sino en 58.
Sin embargo, el futuro de este chaval inquieto, simpático y sonriente no se vislumbra tan oscuro desde que, este verano, una familia de Narón decidió acogerlo en su casa a través de un programa de la oenegé Ledicia Cativa. «Los niños vienen a pasar el verano, para desintoxicarse de la contaminación radiactiva de Chernóbil, y por cada mes que están aquí logran aumentar su esperanza de vida en un año», comenta Pilar Vázquez Castro, la «madre adoptiva» con la que Maksim se topó en Narón tras bajarse del avión el pasado 20 de junio.
Aunque sus problemas de salud no son tan serios como los de otros niños de las regiones afectadas por el desastre nuclear, Maksim arrastra un pasado difícil -pasó por varios orfanatos antes de recalar en la familia de acogida con la que vive en Rusia- y tiene más propensión a padecer problemas respiratorios que cualquier niño de su edad. Sin embargo, sus vacaciones en Narón ya están empezando a dar sus frutos: «Desde que está aquí, ha ganado unos cuatro kilos de peso y ya no está tan pálido. Además, parece que está demostrado que los niños de allí que pasan los veranos en Galicia luego se enferman menos durante el invierno», explica Pilar.
Mientras ella habla, Maksim no para de revolotear por la mesa, al tiempo que Sara -la hija de Pilar, de 18 años- le hace carantoñas. «Si no fuera por ella, nada de esto hubiera sido posible; en julio yo no tuve vacaciones y era Sara la que se ocupaba de atender al niño por las mañanas», explica la madre orgullosa.
Maksim volará de regreso a Rusia a finales de este mes, pero su familia naronesa ya sueña con reencontrarse con el pequeño el próximo verano. Cuando vuelva a casa, les contará a todos lo que más le ha gustado de su veraneo gallego: «La piscina», dice él con timidez. Y, por si eso fuera poco, también podrá deslumbrar a sus amigos con las palabras extranjeras que aprendió en este tiempo. «Al principio, cuando se iba a la cama siempre se despedía con una frase en ruso, Ya tibia liubliu, pero ahora ya me lo dice en español: Te quiero mucho», comenta Pilar con una sonrisa de oreja a oreja.
vacaciones solidarias para los pequeños de chernóbil