engo a Ángel Mato por un buen concejal y por eso me sorprende que marche. Creo que es un político de altos vuelos a diferencia de otros/as de su partido. Si no me engaña la intuición, este químico, lo mismo que Rubalcaba, amaga pero volverá. Sabe que es joven y que la vida da muchos giros, como volutas en una pipeta de laboratorio. De manera que habrá un instante en que una fuerza irresistible lo volverá a llevar al foro público. Ha evitado sibilinamente enfangarse en la última confrontación interna socialista que ha dejado tocado/a a algunos/as, que no estuvieron a su altura. Bien es cierto que el marrón de ser edil de Urbanismo deja tocado a más de uno que no vaya por intereses espurios, como hemos visto en otros momentos y lugares. Por eso también los ciudadanos tendríamos que contar con instrumentos de control sobre el patrimonio del que entra, pero sobre todo cómo sale. No es el caso de Mato, pero sin salir de la ría pudimos observar el milagro de los panes y los peces.
Lo cierto es que un mandato de cuatro años aunque parece poco es una eternidad. Para algunos fue la prueba de fuego de su calibre para ocupar cargos públicos. Otros/as, y no hay más que ver la corporación, llegaron con bríos y una imagen rompedora. El resultado, sin embargo, es que vencido el cuatrienio lo único que rompieron fue a ellos mismos, que tienen dificultades para colocarse en puestos de salida porque no cuentan con más avales que el chalaneo cutre de cortas miras.