Un largo cara a cara contra la droga

Rocío Pita Parada
Rocío Pita Parada FERROL/LA VOZ.

FERROL

La entidad celebró ayer el vigésimo aniversario de la comunidad terapéutica de O Confurco

29 nov 2010 . Actualizado a las 13:01 h.

Fueron «cientos y cientos» los jóvenes ferrolanos que se quedaron por el camino. Los que no sobrevivieron a unos años ochenta en los que las drogas constituían la principal preocupación de los españoles y que se cebaron especialmente con el barrio de Caranza. Una situación convulsa que desembocó en manifestaciones vecinales, encierros y protestas sociales. Pero sobre todo, en la creación de la Asociación Ferrolana de Drogodependencias (Asfedro), en 1985, y cinco años más tarde, de la comunidad terapéutica de O Confurco, que ayer celebró su vigésimo aniversario. Durante este tiempo, en el centro asistencial se abrieron unas 3.900 historias y por la comunidad terapéutica pasaron más de 1.000.

Su presidente, José Graña, primero como líder vecinal en Caranza y después como miembro de la directiva de la entidad desde su nacimiento, fue testigo de excepción de cómo desaparecía toda una generación: la que llama «generación perdida». Jóvenes a los que la droga mató y que hoy superarían los cuarenta años. «Asfedro no nació específicamente en Caranza, aunque sí era el barrio más afectado por las drogas», reconoce. Población juvenil, crisis y tráfico de drogas eran el caldo de cultivo perfecto que germinó una situación a la que había que ponerle remedio. «Era un problema que afectaba a la convivencia. Se llegaron a hacer vigilancias nocturnas, los comercios se cerraban y se abrían solo a las personas que se conocía... La conflictividad social fue dura, muy dura», evoca.

Pero no había medios para plantar cara a los efectos de las drogas. El centro asistencial más cercano estaba a 200 kilómetros, en Vigo. Y Ferrol comenzaba a necesitarlo. Entonces nació Asfedro, con cuatro trabajadores. Hoy tiene 34, los necesarios para atender el centro de Caranza y la comunidad terapéutica de O Confurco. Fue necesario un proceso «lento y de concienciación social», recuerda. Y el primer cuarto de siglo de trayectoria demuestra que se ha conseguido. Atrás quedan las batallas vecinales. Primero en Baltar (Narón), por la oposición de los vecinos a que se instalase en el convento un centro para atender a drogodependientes. La confrontación social se trasladó después a O Confurco, en Doniños. «Pero fue solo un sector», matiza. Las cuatro asociaciones vecinales ofrecieron su apoyo y ayer recibieron un reconocimiento por ello.