La actual crisis económica y ese afán desenfrenado que les ha entrado a los neocom por adelgazar la administración, cuando todavía estamos a años luz del modelo tradicional europeo, curiosamente, no se adentra en la planta municipal. Es decir, en el actual mapa de concellos de Galicia, sobredimensionado a todas luces y apenas retocado desde su implantación a finales del XIX. ¿Quién duda de que sería más operativo y mejor para los ciudadanos un municipio resultante de la unión de Mugardos y Ares? O Ferrol y Narón en la banda norte de la ría, y los tres del sur en uno único. Por no decir de As Pontes y A Capela...
Sin embargo, desde la Transición el camino ha sido a la inversa: se han segregado municipios como Cariño de su matriz Ortigueira, o parroquias de A Capela que pasaron a As Pontes. A pesar de los incentivos que establece la ley para la fusión de ayuntamientos, falta el/los primero/s que lo hagan. Es el paso que ha dado media Europa o países nórdicos en los que la planta se ha reducido a un tercio de lo que era. No puede pensarse que las mancomunidades sean la alternativa porque bien vemos lo que ocurre con la de Ferrol.
Nació para una planificación urbanística supramunicipal como el primer objetivo, pero esa fue la principal área de inacción del ente. Tampoco la democracia -fue creada en las postrimerías de la dictadura- sirvió para mejorarla porque durante los primeros años de alcaldes democráticos algunos se pasaron todo el mandato reventando cualquier acuerdo mancomunado, no fuera ser que cumpliese con su función urbanística y les quitase competencias .
Con estas campañas antimancomunidad y mucho bombo y platillo de localismo (Ferrol tiene la culpa, A Coruña es la mala... todo aderezado con un lenguaje peronista del más barato) se llegó a la situación actual. Por enésima vez se pretende revitalizarla, cuando lo que sobran son municipios.