«Ás veces estar así dache gana de botar a chorar»

A.?V.

FERROL

18 feb 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

El desvío hasta Porto do Cabo está justo después de pasar el puente que separa Valdoviño y Cedeira. Un kilómetro por la carretera a Cerdido conduce a un pequeño puente metálico. Cruzándolo se entra en el núcleo. Son las nueve de la noche. Al tiempo, la cobertura del teléfono móvil comienza a extinguirse. Primera señal de que las comunicaciones no son el fuerte de la zona.

Carmen García, de 81 años, vive con su hija, María Vigo. En la cocina de la casa se encuentran también Nuria Lage, Teresa Rodríguez y las jóvenes Mónica y Sofía Pita. Todas ellas están sin televisión. Con una pantalla en la que solo aparece el mensaje de que no hay señal.

Carmen es gráfica y directa para describir la situación: «Agora déitome no sofá e non sei que facer. ¿Para onde ei mirar, para o teito?». No hay televisión. En la mesa, ejemplares de La Voz y revistas que ayudan a sustituir sus programas favoritos.

Le cuesta andar. Y el invierno es frío. Y las noches largas. «Ás veces estar así dache gana de botar a chorar. Prefería estar sen luz oito días que me falte a televisión». Como señala su hija María, sus rutinas han variado desde que el 1 de febrero se quedaron sin señal. Apunta: «Eu antes ía traballar e quedaba tranquila, porque sabía que miña nai ía estar vendo a televisión... Agora xa penso se vai saír, se está chovendo, se caerá...». Mónica Pita, de 18 años, la echa de menos «sobre todo a la hora de comer, que siempre veía las noticias y alguna serie». Ahora no puede.

«Ser como os demais»

Nuria Lage, de 39 años, aviva las críticas a las administraciones. «Aquí non veu ninguén, ninguén se preocupou de si vemos a televisión ou se non, ninguén nos informou de nada». Y declara la guerra a las parabólicas. Con argumentos. Sostiene: «Porto do Cabo está promocionado dentro do Camiño a San Andrés, a todo o mundo se lle enche a boca de falar do rural... Aquí agora nin televisión temos. Por non falar doutras cousas que tamén nos faltan. Pero os impostos pagámolos como os demais. ¿Non temos os mesmos dereitos?». Coincide, con el resto de vecinas, en que la solución «non é encher isto de parabólicas, queremos ser como os demais».

En la misma línea se expresan José Picallo y su mujer, Antonia Martínez. Hace poco más de un año que abrieron en el lugar la Casa do Morcego, de turismo rural. Como sus convecinos, no rastrean ni un canal. Picallo espera que «a Xunta valore isto outra vez, que fagan ben os cálculos de poboación e vivendas e poñan un reemisor dixital». Coincide en que «non queremos parabólicas». Solo se aceptarían «como un paso previo á instalación do reemisor, e cun papel oficial no que se nos garanta que vai a ser así». Que se plantee que tengan que pagar hasta 300 euros le parece «un despropósito». Deja claro que «non imos baixar os brazos» y recuerda que «coas dietas que cobran os deputados autonómicos daba para bastantes reemisores, se hai cartos para unha cousa debería habelos tamén para isto».

Ya es noche cerrada en Porto do Cabo. La tele continúa muerta. Y sin fecha para reavivarse.