Llegan ecos ya de elecciones municipales. Los políticos empiezan a tomar posiciones para la carrerilla que les espera. Y en Ferrol, la batalla se prevé dura. Siempre lo es. Un puñado de votos puede determinar el lado en que se incline la balanza, decidir que gobiernen unos u otros. Y siempre, hasta ahora, en coalición, o en solitario, con los atrancos que eso conlleva. Los ferrolanos nunca han apoyado lo suficiente a ningún partido para que gobierne con mayoría absoluta, por eso, todos cuentan con que, inevitablemente, tendrán que buscar amigos para momentos de apuro. El PP, sin haber proclamado aún a su candidato -la lógica dice que será su presidente José Manuel Rey (aunque, tal y como me comentó hace nada un político ferrolano, «en política no existe la lógica»), afila las espadas para arrebatarle el trono a Vicente Irisarri. Lo hace confiando también en el clima de intenso disgusto con el Gobierno socialista de Rodríguez Zapatero (se habla incluso de moción de censura por parte de los populares). Puede que dé el campanazo, pero tal y como han ido las cosas en la historia reciente de Ferrol, el PP sabe que hay muchas probabilidades de que acabe necesitando a Independientes por Ferrol. El mismo cuento se lo debe aplicar el PSOE. Irisarri debe de ser consciente del desgaste que supone gobernar en minoría y, salvo milagros, es poco probable que obtenga mayoría suficiente. Que gobierne o no dependerá, no solo de sus votos, sino también de los apoyos que logre recabar un BNG maltrecho y una IU que, a nivel nacional, es casi una especie en vías de extinción. Solo Juan Fernández se ha lanzado a auto confirmarse como candidato a las elecciones, pero calladamente Irisarri, Yolanda Díaz y Xoán Xosé Pita acarician en sus imaginaciones el cetro de alcalde. Solo uno (-a) lo será. El quién lo decidirán los ferrolanos, la ley de D'Hont y la ingeniería de los pactos poselectorales. [Una aclaración sobre el nombre de esa columna: Valexadas viene de O Val. De allí soy].