El Racing de Ferrol se subió al carro de la vigilancia hace ya ocho años. Lo hizo obligado por la Liga de Fútbol Profesional, que para dar cumplimiento a la Ley de Espectáculos, obligó en la temporada 2001/2002 a todos los clubes de primera y segunda división a dotarse de una unidad de control operativo (UCO). En ella se centraliza la señal de una amplia red compuesta por sesenta cámaras distribuidas por el estadio de A Malata y que, según explicó el gerente del club, Antonio Aneiros, cubre todo el exterior y todo el interior: el campo, los pasillos, las puertas, las gradas y los alrededores del complejo deportivo. Las hay fijas pero también móviles con giro total de 360 grados. En cualquier caso, capaces de sacar «una foto de carné», ejemplifican desde el club, a cualquier aficionado. Aunque eso, solo en casos necesarios. La UCO solo funciona cuando hay actividad en el estadio y es la policía nacional la que se encarga de las imágenes y la gestión de las grabaciones. Con todo este nuevo sistema, se buscaba incrementar la vigilancia en los principales campos de España. En el de Ferrol, aseguran desde el club, ya ha sido útil para resolver algunos incidentes.