José María Trilho podría escribir un libro sobre emigración, porque desde finales de los años 80 lleva dando vueltas por España y Francia con su maleta a cuestas. Tras dejar Portugal, este soldador de profesión vivió en Extremadura, de allí puso a rumbo a Bordeaux y Baiona, y después se marchó a Valencia, ciudad que abandonó hace casi un año. «Sufrí un infarto de miocardio y me quedó una pensión muy baja, con la que apenas podía vivir. Un amigo mío que estaba en Ferrol me dijo que la vida aquí era más barata, así que decidí dejar de Valencia y venirme a Galicia», explica Trilho.
Ahora que ya está aquí, José María no se arrepiente: «En Ferrol estoy más tranquilo que en Valencia y la vida es más barata». Con todo, la pensión de Trilho no le da para mucho. Vive en un piso compartido y come en la Cocina Económica. «Ahora estoy con un abogado, porque el infarto lo tuve en el trabajo, y teniendo esto en cuenta la pensión tendría que ser de 700 euros».
Trilho alaba la atención que recibió en la iglesia de San Julián, en Cáritas, en la Cocina Económica y la de la asistente social Nieves en la Oficina de Inmigración de Ferrol. También que la concejala Beatriz Sestayo «me enviara un obsequio por Navidad». Y, sobre todo, la ayuda de Teresa, la abogada. «No tengo palabras para agradecerle todo lo que hizo por mí», dice el portugués.